Hacer ordinario lo ‘extraordinario’

El papa Francisco concluía el ‘angelus’ de este domingo, 13 de enero, con la invitación a ‘invocar al Espíritu Santo con más frecuencia para poder vivir con amor las cosas ordinarias y hacerlas extraordinarias’. Esta invitación del Papa Francisco evoca a nuestra Madre Juana María, de quien dijeron los teólogos consultores para su proceso de canonización que hizo lo ordinario de manera extraordinaria.
La Madre Juana María fue una mujer que no se distinguió por realizar grandes hazañas, ni gestas heroicas, ni milagros vistosos. Su hazaña fue perseverar en medio de las dificultades, las negativas y las dudas de muchos; su gesta fue la paciente y callada espera, la oración incesante, el discernimiento orante; sus milagros fueron vivir la vida con gozo, con alegría, con entrega generosa…
Su vida transcurrió con sencillez y familiaridad, desde la simplicidad de lo cotidiano, desde la humildad que hace grandes a los pequeños, a los que no buscan mayor grandeza que la del trabajo realizado con ilusión, con esmero… con amor. En su vida no hubo nada extraordinario al exterior, solo lo ordinario hecho con amor y por amor.
Pienso que la Madre Juana María, además de hacer lo ordinario de manera extraordinaria, fue una mujer con tal altura de miras, visión de futuro y amplitud de horizontes, que hizo que lo extraordinario (para la época y condición social en que vivió): cobijar a quien no tenía techo, devolver la dignidad a mujeres indefensas, proteger a las desvalidas, enseñar a quienes no habían tenido posibilidades, prevenir de peligros corporales y espirituales, ofrecer nuevas oportunidades, ser cauce de la misericordia de Dios… fuera lo ordinario.
Quienes decimos que la admiramos y seguimos tenemos ante nosotros el reto de darla a conocer con nuestras palabras, pero sobre todo con nuestra vida.
¿Quieres saber más de ella…? Acércate a una de nuestras casas.

Celebrar a María

Al situarme ante María contemplando el misterio de su Inmaculada Concepción, estas dos palabras adquieren para mí un significado especial, que hoy comparto con quienes os acercáis a este Blog:
Inmaculada: me habla de la Mujer limpia de corazón, que supo ver a Dios en los acontecimientos de su vida, que supo escuchar atentamente la voz de Dios que la invitaba a caminar con El abandonando sus planes para ‘abandonarse’ en el cumplimiento de la misión que El le había preparado.
Me lleva hasta la Mujer fiel que tiene que rehacer continuamente su Hágase, descubriendo que ser creyente es pronunciar cada día, cada instante, ante cada circunstancia, un Si comprometido y comprometedor.
Me sitúa ante la Mujer libre, que por ser tal, quiere ser liberadora de los oprimidos, clamor de los que no tienen voz, paso presuroso para los cansados, alegría para los abatidos, luz para los que andan sumergidos en la noche.
Me acerca a la Mujer dichosa, feliz, bienaventurada, que supo encontrar en Dios el manantial de su gozo, de su plenitud, de su júbilo.

Concepción: me aproxima a María como Mujer que concibe en su corazón antes que en su seno al Hijo de Dios, al mediador de la Alianza; a la Mujer que fecundó en su corazón y engendró en sus entrañas al que es ‘Amor’.
Me conecta con la Mujer que da vida al que fue la razón y el sentido de su vida, al que es ‘germen’ de vida nueva; me enlaza con la Mujer que sitúa en el tiempo y en el espacio al que existe desde siempre; con la Mujer que acerca a Dios a la humanidad.
Me vincula a Quien fue capaz de gestar un proyecto gozoso a pesar de la espada del dolor; a la Mujer fiel que selló con Dios la Alianza anunciada por los profetas, revolucionando la memoria de un pueblo, escrita con renglones de infidelidad.

Hablar y celebrar a María en el misterio de su Inmaculada Concepción es comprometernos a dejar que su mano guíe nuestros trazos para redactar nuestra historia de confianza y fidelidad al Dios fiel; es arriesgarnos a gestar en nuestro corazón proyectos de liberación para las mujeres oprimidas; es empeñarnos en fecundar, en las almas de los niños y jóvenes, hambre de justicia, paz y solidaridad; es aventurarnos apasionadamente en el proyecto del Reino de Dios que nos lanza al servicio de los más pequeños y frágiles; es descubrirnos necesitados de Dios y vivirnos abandonadas en El, que es Padre-Madre con entrañas de misericordia…
Hablar de la Inmaculada Concepción de María y sentir que es Ella quien va conduciendo nuestro caminar, quien va nutriendo nuestra espiritualidad, quien va perfilando nuestro proyecto de servicio, es atrevernos a vivir, con y como Ella, la alegría del Evangelio.
¿Te animas a vivirla con y como nosotras, Esclavas de María Inmaculada?

Hacia la Vida

Sí, todo conduce y culmina en la Vida. Hasta en las experiencias más dolorosas podemos encontrar un atisbo de luz, de paz, de gozo, de plenitud…
Fue esto, la fe en el Dios de la Vida, lo que mantuvo en pie, junto a la Cruz, a María, la Mujer, la Madre, la Creyente.
Sí. Una fe firme, cuajada en el crisol de la esperanza, forjada en la fragua del Amor incondicional, sostenida por la certeza de que ‘para Dios nada hay imposible’.
Cuando todo parecía haber perdido el sentido, la razón; cuando sentía que ya no queda nada por hacer; cuando solo el tiempo podría restañar la herida de la espada profetizada, años atrás, cuando todo lo vivía como en vorágine de altura, por el anciano Simeón… sólo el eco de las palabras del ángel la podía sostener: ‘El Señor está contigo’.
Sí, María, el Señor está contigo, porque el Señor está con todos aquellos que entregan la vida, con todos los que la viven en coherencia y fidelidad a su misión, con todos los que sirven incondicionalmente, con ternura, cercanía, misericordia… con humildad.

Hoy quiero, María, avanzar contigo con paso ligero, mirada profunda, escucha intensa, hacia la Vida.
Hoy, María, quiero acoger contigo el clamor de todos los crucificados que encuentro en el camino y ser para ellos palabra de Vida, Buena Noticia, Evangelio del Amor que Dios les tiene.

Hoy, María, quiero confirmar mi fe con la certeza de que Tu acompasas mis andares, susurras a mi oído el cantar de mi plegaria, impulsas mis manos hacia gestos de ternura con los pequeños, los frágiles, los que no cuentan.
Hoy, María, quiero vivir contigo la experiencia de la Resurrección, la experiencia de avanzar con presteza hacia la Vida…
Porque El, el Hijo de tus entrañas, HA RESUCITADO.

¡Feliz Pascua! ¡Hacia la Vida!

 

Desde la hondura

Hoy es Jueves Santo. Día del amor fraterno, día de la ‘entrega’, día del encuentro supremo entre Dios y el hombre.
La divinidad, que se hizo carne en las entrañas de una Mujer, en la hondura de su corazón de Mujer, haciéndose uno con nuestra humanidad se nos entrega en un trozo de pan y una copa de vino…
Resulta difícil de entender, complejo para asimilar, desbordante para acoger…

Sólo desde la hondura del corazón, sólo desde el calado del alma inquieta y enamorada, sólo desde al anonadamiento, es posible albergar en el corazón humano el Misterio insondable de la humanidad de Dios entregada al vaivén humano.

Hoy es un día para hacer silencio, para rendirse ante el silencio de Dios, para despojarse de todo susurro ante la Palabra más sublime; hoy es un día para vaciarnos de nosotros mismos para dejar espacio al Amor de Dios que quiere derramarse en nuestro corazón.

Una toalla que enjuga las lágrimas, un cántaro en el que lavar nuestras heridas, un pedazo de pan que sacia el hambre de justicia y libertad, una copa de vino que invita al júbilo, al gozo… porque ‘nadie me quita la vida sino que la doy voluntariamente’ (cf. Jn 10, 18)

Desde la hondura del corazón es desde donde podemos seguir apostando por Jesús; en la hondura del corazón es donde se gesta la Vida; en la hondura de nuestro corazón es donde Dios quiere habitar… ¿le hacemos un hueco?

Entrar dentro

Al comenzar a escribir este Blog escribía que mi pretensión era profundizar en nuestra realidad personal, hacer brotar lo que anida en nuestro interior, adentrarme y adentraros en el interior del corazón.
Estoy haciendo Ejercicios Espirituales y esta tarde nos hablaban de la necesidad de ‘entrar dentro de una misma’, y casi sin quererlo me venía a la mente lo que ha querido ser durante estos años Adentro, este Blog.
Me preguntaba y os pregunto si lo he conseguido…??? A través de estas breves reflexiones he ido mostrando lo que vivo o, quizás mas bien, lo que quiero vivir. Me siento pequeña, frágil, débil… pero me sé amada por Dios y eso me da una grandeza que no puedo expresar con palabras…

Quiero compartir con vosotros mi reflexión a partir de las palabras del P. Pedro, ocd, de esta tarde: mi vida como consagrada, nuestra vida como religiosas, vuestra vida como cristianos, la vida de una persona en general sólo tiene sentido si es vivida desde Dios, desde ese ser infinito e inconmensurable que nos habita, nos invade, nos inunda…
La vida sólo tiene sentido si es El quien vive a través de nuestras vidas caducas, si es El quien actúa en nuestros actos realizados con el temblor de nuestras manos, quien habla a través de la tartamudez de nuestras palabras, quien escucha a los hermanos desde nuestros oídos sordos…
Y para ello, para dejar a Dios ser Dios en mí, tengo que hacer el arduo trabajo de adentrarme en mi interior para encontrarme con El, o mas bien en su interior para que El me descubra buceando en el mar infinito de su misericordia para empaparme con la llovizna suave con la que va derramando el agua de su gracia, respirando la brisa suave del Espíritu que va penetrando suavemente en mi alma depositando sus dones, saboreando las palabras calladas que expresan cercanía, ternura, comprensión, sencillez, paciencia, mansedumbre, acogida, inclusión…

¿Te animas, tu que hoy me lees, a recorrer conmigo esta Semana Santa esta peregrinación a nuestro interior?
¿Si? Pues empecemos saliendo de nosotros mismos para poder ‘entrar en Dios’…

Engarzada

Celebramos el día de la Vida Consagrada; la memoria de nuestra consagración, del sabernos y sentirnos amadas, elegidas, invitadas y convocadas por Dios.
Amadas por el Amor infinito e inefable que es El.
Elegidas para una misión concreta y peculiar: reproducir el estilo de vida de Jesús.
Invitadas a sellar con El una alianza nueva y definitiva.
Convocadas para ser, en comunión con otros/as, semillas del Reino de Dios.

Hoy, muchos años después de mi primera consagración ‘pública’, me siento especialmente emocionada al rememorar la alianza sellada, al recordar como, con temor y temblor, pronunciaba ante mis Hermanas de Congregación y mis seres queridos, mi adhesión al proyecto de Dios para conmigo.

Me vivo engarzada a Dios; mi vida adquiere todo su color y sabor de su Palabra; mis anhelos son afianzar cada vez más los lazos que nos unen… Hilos entretejidos con cada una de mis hermanas, con cada una de las personas a las que soy enviada, con quienes, de un modo u otro, comparto mi cotidiano vivir.

Engarzada con un lazo inquebrantable de su parte y …, así lo voy trabajando cada día, de la mía. A pesar de mi fragilidad y mi debilidad, quiero ser suya, vivir para El, caminar con El… ¡por siempre!