La orla del manto

Aún resuena en mi corazón del Evangelio de ayer, la invitación de Jesús a acercarnos a El para descargar en sus hombros de Buen Pastor, de hermano mayor, de amigo entrañable, nuestras preocupaciones, inquietudes, afanes…

Y pienso que la hemorroísa de la que nos habla hoy el Evangelio supo hacerlo con absoluta confianza, con elegante audacia, con total resolución. No dudó un momento en acercarse a Jesús para descargar en El el cansancio producido por su enfermedad en un reclamo de obtener de El sino la sanación, al menos el alivio, la fuerza, el ánimo para vivir con ella.

Esta mañana, escuchando el Evangelio, no podía menos de pensar en mis desvelos, en aquellos que tal vez me tienen atada impidiéndome vivir con plena y total libertad, y me preguntaba cómo tocar la orla del manto de Jesús para descansar en El mi cansancio… También me preguntaba si mis inquietudes podían considerarse tales cuando tengo cubiertas todas mis necesidades mientras millones de personas carecen de lo más necesario para vivir con dignidad…

Después de orar estos textos evangélicos, siento que la orla del manto de Jesús que debo tocar es la que me impulse a salir de mí misma, a olvidarme de mis nimiedades, a entregarme oblativamente…
Deseo tocar la orla del manto que me urja a vivir desde la confianza plena en El, la que me acerque a los que realmente sufren (por la falta de cariño, de trabajo, de salud, de alimentos…) para ser descanso de sus fatigas, paño que enjugue sus lágrimas, caricia que sane sus heridas.
La orla del manto que quiero tocar es la que tocó la Madre Juana María…

Y tú, ¿qué orla del manto quieres tocar?

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