Desde la hondura

Hoy es Jueves Santo. Día del amor fraterno, día de la ‘entrega’, día del encuentro supremo entre Dios y el hombre.
La divinidad, que se hizo carne en las entrañas de una Mujer, en la hondura de su corazón de Mujer, haciéndose uno con nuestra humanidad se nos entrega en un trozo de pan y una copa de vino…
Resulta difícil de entender, complejo para asimilar, desbordante para acoger…

Sólo desde la hondura del corazón, sólo desde el calado del alma inquieta y enamorada, sólo desde al anonadamiento, es posible albergar en el corazón humano el Misterio insondable de la humanidad de Dios entregada al vaivén humano.

Hoy es un día para hacer silencio, para rendirse ante el silencio de Dios, para despojarse de todo susurro ante la Palabra más sublime; hoy es un día para vaciarnos de nosotros mismos para dejar espacio al Amor de Dios que quiere derramarse en nuestro corazón.

Una toalla que enjuga las lágrimas, un cántaro en el que lavar nuestras heridas, un pedazo de pan que sacia el hambre de justicia y libertad, una copa de vino que invita al júbilo, al gozo… porque ‘nadie me quita la vida sino que la doy voluntariamente’ (cf. Jn 10, 18)

Desde la hondura del corazón es desde donde podemos seguir apostando por Jesús; en la hondura del corazón es donde se gesta la Vida; en la hondura de nuestro corazón es donde Dios quiere habitar… ¿le hacemos un hueco?

1 opinión en “Desde la hondura”

  1. Me encanta tu reflexion. Estoy convencida que no debemos desprendernos jamás de la toalla que enjuga lágrimas, limpia heridas, con suavidad y ternura y del agua buena
    que lava, purifica y cicatriza.
    Sé que desde lo profundo de nuestro ser, Dios nos empuja para que así sea.

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