Hacia la Vida

Sí, todo conduce y culmina en la Vida. Hasta en las experiencias más dolorosas podemos encontrar un atisbo de luz, de paz, de gozo, de plenitud…
Fue esto, la fe en el Dios de la Vida, lo que mantuvo en pie, junto a la Cruz, a María, la Mujer, la Madre, la Creyente.
Sí. Una fe firme, cuajada en el crisol de la esperanza, forjada en la fragua del Amor incondicional, sostenida por la certeza de que ‘para Dios nada hay imposible’.
Cuando todo parecía haber perdido el sentido, la razón; cuando sentía que ya no queda nada por hacer; cuando solo el tiempo podría restañar la herida de la espada profetizada, años atrás, cuando todo lo vivía como en vorágine de altura, por el anciano Simeón… sólo el eco de las palabras del ángel la podía sostener: ‘El Señor está contigo’.
Sí, María, el Señor está contigo, porque el Señor está con todos aquellos que entregan la vida, con todos los que la viven en coherencia y fidelidad a su misión, con todos los que sirven incondicionalmente, con ternura, cercanía, misericordia… con humildad.

Hoy quiero, María, avanzar contigo con paso ligero, mirada profunda, escucha intensa, hacia la Vida.
Hoy, María, quiero acoger contigo el clamor de todos los crucificados que encuentro en el camino y ser para ellos palabra de Vida, Buena Noticia, Evangelio del Amor que Dios les tiene.

Hoy, María, quiero confirmar mi fe con la certeza de que Tu acompasas mis andares, susurras a mi oído el cantar de mi plegaria, impulsas mis manos hacia gestos de ternura con los pequeños, los frágiles, los que no cuentan.
Hoy, María, quiero vivir contigo la experiencia de la Resurrección, la experiencia de avanzar con presteza hacia la Vida…
Porque El, el Hijo de tus entrañas, HA RESUCITADO.

¡Feliz Pascua! ¡Hacia la Vida!

 

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