Responder con prontitud

En este domingo de Pascua, la Iglesia nos hace una llamada a orar por las vocaciones, a pedir al Señor que envíe obreros a su mies, para ser testigos de la Buena Noticia, presencia del Reino entre los pequeños y necesitados, gozoso anuncio de su amor a todos.
La llamada de Dios a seguirle nos urge a responder con prontitud, a descalzarnos, a salir de nuestros aposentos y encontrarnos con el prójimo necesitado que espera de nosotras una palabra de aliento, una mirada de encuentro, una escucha respetuosa, un acompañar el caminar, una caricia y un abrazo misericordioso…
La llamada de Dios estremece nuestras entrañas, remueve nuestra cotidianeidad, sacude nuestra conciencia… La llamada de Dios irrumpe en el corazón con el suave susurro de la brisa, con la tenue llovizna que empapa el alma, con la luz de cada nuevo amanecer que nos impulsa a creer que sólo desde El es posible, sólo con El podemos avanzar, que El es nuestra esperanza.
Como María, respondamos con prontitud, pogámonos en camino, dejémoslo todo, entreguemos la vida.
Como Juana María, hagamos que nuestro día a día esté envuelto de gestos de oblación, de misericordia, de fraternidad, de esperanza, de generosidad, de adoración.
Vivamos nuestra vocación con intensidad, con plenitud, con coherencia. Que nuestra vida se gaste y desgaste por el Reino, por ser la Buena Noticia que esperan de nosotras quienes nos rodean… El Espíritu del Señor hará el resto.

 

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