La dormición

Siempre me ha atraído la celebración de la fiesta de la Asunción de la Virgen en medio del verano.
Cuando todo invita al descanso, al sosiego, a la tranquilidad… cuando de alguna manera nos dejamos llevar por la inercia, el letargo y la rutina del cambio de ritmo, surge la figura de María que nos invita a preguntarnos otras cosas. María, en la advocación de la Asunción, nos insta a volver la mirada hacia nuestro interior, hacia lo transcendente; nos apremia a replantearnos el sentido de nuestra vida, la fugacidad del tiempo y el uso que hacemos de él.
María sale a nuestro encuentro a mitad del verano para recordarnos que lo fundamental de la vida es responder con prontitud a la llamada de Dios.
Dicen de Ella que simplemente se durmió y partió hacia el encuentro con su Hijo. Su dormición fue el inicio de una nueva etapa: ser intercesora ante Dios de cada una de nuestras necesidades…
Celebrar esta fiesta es una llamada a no quedarnos dormidas, a mantener los ojos bien abiertos al paso de Dios a nuestro lado, a avivar nuestro corazón ante las necesidades de nuestros hermanos, a cultivar la esperanza en que ‘para Dios nada hay imposible’.
La Asunción de María es una invitación a sonreir, bendecir, acariciar, alabar y cantar con gozo al sabernos y sentirnos hijas de esta Madre que, desde que ‘se durmió’, vela nuestros sueños, custodia nuestras ilusiones y alienta nuestros anhelos…
¡Feliz día de la Virgen !

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