Visitación

Hoy celebramos, como colofón del mes de mayo dedicado a María, la fiesta de la Visitación: María, tras recibir la noticia de su maternidad y, casi sin haberla asimilado y encajado, sabiendo que Isabel, su prima, de edad avanzada, está esperando un hijo, no duda en ponerse en camino y correr a ayudarle.
Me gusta, de un modo especial, contemplar este pasaje evangélico, que concluye con la proclamación del Magnificat, uno de los cánticos más bellos de toda la Escritura.
Por una parte, me sitúa ante una mujer de una disponibilidad incomparable y a la vez de una inmensa humildad. María, una sencilla nazarena que ha sido escogida por Dios para ser la mediadora de la Alianza, se pone en camino, sin dudarlo, para visitar, acompañar, ayudar… para servir a Isabel.
Me sitúa ante una mujer que vive un extraordinario éxodo interior; una mujer abierta y sumamente sensible ante las necesidades de los demás. Una mujer en camino hacia el otro.
Por otra parte, me admira el júbilo, el gozo, el regocijo del encuentro entre ambas mujeres. ¡Qué fiesta de bienvenida improvisaría Isabel! ¡Qué momentos tan dichosos compartirían ambas! Isabel le comunicaría a María la sabiduría que da la edad y la experiencia de la vida; María le haría partícipe de su alegría, su ilusión, su esperanza… también de su emoción al tener ante sí un proyecto que la desbordaba.
Fueron días felices los que compartieron ambas… La fe en un Dios que todo lo puede fue su punto de unión; en El, que las hizo a ambas olvidarse de sí mismas, estuvo la clave del éxito de su relación.

Hoy me pregunto, ¿dónde ponemos nosotros el acento de nuestros encuentros, de nuestras relaciones comunitarias, familiares, sociales…? ¿En la búsqueda de nosotras mismas o en el olvido de nuestros intereses personales y la búsqueda del bien común? ¿Sabemos salir, presurosas, para tender una mano?

Enséñanos, María, a salir al encuentro del otro, a vivir con la mirada atenta y el corazón abierto para descubrir sus necesidades. Ayúdanos a olvidarnos de nosotros mismos para podernos encontrar con Dios a través de nuestros hermanos. Que sepamos vivir en camino hacia… quien nos necesite, como viviste Tú.

 

 

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