Cotidianeidad

???????????????????????????????A veces pensamos que la cotidianeidad no tiene nada que decir y sólo esperamos que lleguen acontecimientos relevantes para hablar, escribir, comunicar… ¡Qué equivocados estamos!
El mero hecho de que cada mañana amanezca, luzca el sol, aparezcan nubes en el firmamento ya es un motivo para pensar, escribir, agradecer a Quien todo nos lo otorga sin esperar nada…
Y es que, en realidad, lo cotidiano es lo que mayormente constituye nuestra vida.
No nos pasan a diario grandes cosas, pero si nos pasan muchas pequeñas cosas que deberían hacernos pensar.
Estos días vienen muy a menudo a mi mente y a mi corazón la imagen y la vida de mis hermanas ‘mayores’: mayores en edad, en experiencia, en vivencias; mayores en entrega, en generosidad, en desgaste; mayores en fidelidad…
Quizás sus vidas no guarden hechos extraordinarios, quizás no tengan grandes hazañas que contar, quizás su día a día es extraordinariamente ordinario… pero es eso, esa sencillez, esa cotidianeidad de vida, ese permanecer en el tiempo lo que me da que pensar y me hace valorar cada gesto, cada palabra, cada acto de amor. Actos que se manifiestan y expresan en la rutina cotidiana: levantarse cada mañana para rezar con la comunidad a pesar de sus achaques; colaborar en los quehaceres de la casa: arreglar la mesa, cuidar las plantas, regar el patio, atender la portería, coser el bajo de una falda; sentirse parte de un proyecto común: estar pendiente de quien viaja, de quien llega, preocuparse de cada una, rezar por todas…
Esa cotidianeidad que abarca la mayor parte de nuestra vida es la que nos va formando y con-formando. Vosotras, mis hermanas mayores, me lo habéis enseñado.
Y, sí, decididamente, eso es lo que quiero vivir y transmitir a quienes vienen tras de mí: el valor de lo cotidiano hecho con amor y por amor. O como diría nuestra Madre Juana María, y que tan bien han entendido tantas hermanas a lo largo de la historia de nuestra congregación: ‘hacer lo ordinario de forma extraordinaria’

¿Lo conozco?

CristoHoy resuenan en mí las palabras de Pedro en el relato de la Pasión de Jesús: ‘No conozco a ese hombre’. Y de alguna manera intuyo lo que figuradamente podían significar; Pedro no conocía a Jesús como El quería darse a conocer: como el Amor absoluto, como el que da la vida por Amor. Pedro no conocía, no era capaz de entender, el alcance y el significado pleno de la vida de Jesús, de cada una de sus palabras, del simbolismo de sus gestos. Pedro conocía al Jesús de los milagros, al de las palabras que encandilaban el alma, al que atraía a las masas; Pedro conocía al Jesús triunfador, transfigurado en el monte Tabor, andando sobre las aguas, calmando la tempestad… Pero Pedro no conocía al Jesús que fue capaz de acoger en sí toda la fragilidad y la miseria humana, para asumirla y redimirla. Pedro no entendía el secreto que encerraban cada uno de sus gestos: el lavatorio de los pies, la última cena, el pan partido y repartido, beber con El la copa de la Alianza…

Y hoy me pregunto qué puedo decir yo, quien es el Jesús que conozco, Aquel al que sigo, Aquel por quien he optado: el Jesús que no compromete, el de los milagros, el Jesús de las palabras amables, el de los gestos espectaculares…; o más bien el Jesús comprometido con los débiles y los pobres, el que gasta y desgasta su vida, el que lo entrega todo, el que no se posee, el que desde la Cruz sigue perdonando y amando, el Jesús que muere por mí…

No es fácil decir: Yo conozco a ese hombre, y decirlo con el corazón, con la vida, con cada palabra y cada gesto. No es fácil decirlo si no lo ponemos todo en juego, si no arriesgamos la vida, si no nos entregamos plenamente. No es fácil decirlo y hacerlo por Amor.
He ahí mi reto para esta Semana Santa; cuestionarme si realmente lo conozco y le sigo.

Adentrándonos

Adentrándonos en el corazón, adentrándonos en las entrañas de la vida, adentrándonos en el paso de Dios por nuestra vida.
Cada día que pasa es una nueva oportunidad para descubrir que Dios está al alcance de nuestra mano, que es El quien guía nuestros pasos, quien deja las huellas grabadas en el camino para que nosotros pisemos seguros.
Cada acontecimiento es un reto que nos lanza hacia lo alto, que nos invita a mirar más allá, a descubrir que hay Alguien que nos está esperando.
Adentro, desde el interior. Adentro, desde la fragilidad de nuestro ser. Adentro, desde la fortaleza que brota de nuestra debilidad. Adentro, desde la mirada ilusionada, desde la sonrisa callada. Adentro, desde la ternura que brota del encuentro.
Adentro, desde el interior. Adentro porque es Dios quien nos habita.

Nuestro espacio

Este blog quiere ser un espacio de encuentro.
Encuentro con cada una de las personas que os acerquéis a él. Encuentro con nosotros mismos. Encuentro con el Otro.
Quiere ser un espacio desde el que hacer brotar lo que anida en nuestro interior.
Un espacio para profundizar en nuestra realidad personal, en nuestro ser criaturas queridas por Dios.
Un espacio donde dejar volar el pensamiento y la razón.
Un espacio en el que prevalezca lo que suscita el corazón.
¿Te adentras conmigo en tu interior?