Manos abiertas

Tus manos abiertas, Juana María, evocan tu vida de entrega, de servicio, de disponibilidad…
Me sugieren la prontitud en la respuesta, la alegría en la acogida, la urgencia en el amor.
Tus manos abiertas me invitan a ser como tú: generosa en el dar a cada uno lo que necesite, desprendida en la donación de mí misma, confiada en el abandono a la voluntad de Dios.
Sí, tus manos abiertas me hablan de la pobreza de quien tuvo a Dios como única riqueza, de la virginidad de quien entregó indiviso su corazón al Señor a través de la maternidad espiritual, de la obediencia de quien supo dejar que el Espíritu rigiese su vida…
Servicio abnegado, acogida desmedida, amor probado… renovada comunión: con Dios, con las hermanas, con las obreras.
Manos abiertas, marcha presurosa, vida derramada…
Súplica velada, proyecto consumado, existencia desbordante…
Juana María Condesa Lluch, enséñame a ser desde Dios como lo fuiste tu.

Navidad entrañable

Navidad es Amor, Paz, Esperanza, Gozo, Alegría, Sencillez…
Navidad es Acogida, Encuentro, Entrega, Solidaridad…
Navidad es Compromiso, Compasión, Misericordia, Justicia…
Navidad es Plenitud de Dios en el corazón que se desborda por cada uno de nosotros y nos invita a vivir desde la Humildad de Nazaret, abriendo el corazón a la Vida que late en nuestro interior y nos hace vibrar con María, la Mujer de Fe, la Madre entrañable…
Navidad es dejar brotar en nuestro corazón la ternura  hacia un Niño que es Dios; es albergar sentimientos de cercanía; es salir al encuentro, ir en búsqueda, despertar el alma dormida…
Navidad es abrazar la mirada de Dios hacia cada uno de nosotros; es acariciar sus manos abiertas y depositar en ellas nuestras fatigas; es tocar el cielo en la tierra en la sonrisa de un recién nacido…
Navidad es el Sí de Dios para la humanidad que espera nuestro Si para cada uno de los pequeños y desheredados de la historia.
Navidad eres tú que sueñas, crees y caminas con ilusión hacia la Verdad.
¡Feliz Navidad!

En tus manos María

Al mirarte esta tarde, María, mi corazón se estremece.
Celebramos tu Inmaculada Concepción en días próximos al nacimiento de tu Hijo. Todo tu ser vibraría emocionado pensando en contemplar su rostro, acariciar sus manos, mirarle embelesada…
¡Cuántas preguntas no bullirían en tu mente!, ¡cuánta inquietud callada, apagada, silenciada…!, ¡cuánta zozobra no habría en tu corazón de nazarena, en tu ser de mujer judía, en tu vida de recién desposada…!

Te lanzaste al vacío creyendo firmemente en la palabra de un mensajero que te dijo venía de parte de Dios; te abandonaste confiadamente a un proyecto humanamente irrazonable; te arriesgaste a ser tachada de… ‘atolondrada’. ¡Qué grande fue tu FE!

En este atardecer quisiera adentrarme en tu corazón de mujer joven y madura, en tu espíritu entregado y reservado, en tu alma limpia y transparente, y dejarme empapar por tu pureza, por tu candidez, por tu verdad…
Hoy quisiera pedirte, humildemente, que me des la mano y acompañes mi caminar, que guíes mis pasos que quieren ir tras tu Hijo, que me envuelvas bajo tu manto y cobijes mi vocación, para que, como Tu, mi vida se lance confiadamente al vacío, a ese vacío donde sólo habita Dios.

En este atardecer te pido por mi/tu Congregación, para que caminemos, esperemos y vivamos, como Juana María nos enseñó: con la mirada puesta en tu Hijo a través de Ti; para que descansemos en tu corazón de Madre, de Hija y de Esclava todas nuestras inquietudes y anhelos; para que aquellas y aquellos a quienes somos enviadas os descubran latiendo entre nosotras…

En tus manos, María, descansa nuestra vida. ¡Gracias!

Evocación

Es noviembre, mes en el que honramos a nuestros seres queridos que ya gozan de la paz sin fin…
Esta tarde hemos ido al cementerio. No soy muy adicta a estas visitas, pero de vez en cuando siento el deber de ir.
Aunque sé, estoy plenamente convencida, que allí no hay nada de lo que fue.
Y es que cuando pienso o evoco a alguien que está ya lejos… los recuerdos que más resuenan en mi corazón no son tanto las imágenes físicas, sino más bien las sensaciones, la impronta de ellos que ha quedado tallada en mi alma, la fracción de tiempo vivida y sentida en comunión, las huellas que han zarandeado mi existir…
Al pensar en quienes han compartido conmigo un tramo del camino de mi vida, evoco las palabras, los gestos, los sentimientos… ese sabor agridulce de los soplos de beatitud que ya no volveremos a saborear, aquí, juntos/as… pero cuyo recuerdo me custodia y sostiene.
Hoy evoco de un modo especial a las Hermanas que iniciaron esta aventura de seguir a Dios y amarle en las mujeres obreras, a las Hermanas que se dejaron cautivar por el entusiasmo, el ardor y la pasión de Juana Condesa Lluch, a las Hermanas que a través de los años han ido fortaleciendo este proyecto (nuestra Congregación) tejiendo el Reino, a las Hermanas que hoy, desde lo Alto, van alentando nuestras vidas…
Por todas ellas, hoy elevo a Dios mi plegaria, mi canto agradecido… así como el suave zureo de las aves se eleva hacia lo Alto.

Escrito con ‘F’

Dicen que hay historias que se escriben con ‘F’
Sí, la f de fe, la f de fidelidad, la f de fraternidad…
Y esta es una de ellas. Es la historia que ha imprimido Dios en el corazón de algunas personas en las que, sin merecerlo, se ha fijado, las ha escogido para sí, consagrándolas y haciéndolas suyas para siempre.
Es la historia que transcribe Dios con alguna criatura manteniéndose fiel a lo largo de los años a pesar de las flaquezas, recorriendo junto a ella un camino de fe aún en medio de los fallos humanos, despertándola cada día a encontrar el sentido de la fraternidad entre las falacias en que a veces nos movemos.

Descubrir este paso de Dios por mi vida (y también por la tuya) me estremece y lanza, como una flecha en manos de un experto arquero, a percibir las efes del proyecto de Dios para mí y a caminar con firmeza, fortaleza, franqueza…
Sentir que la historia de mi vida está deletreada partiendo de las efes de Dios me llena de gozo, y me urge a vivir en gratitud y gratuidad… (después de la f viene la g).
Gracias, Señor, por escribir a través de mí tu historia de amor… ¡Gracias!

 

Ceder el paso

En el corazón del verano, y también, ¿por qué no decirlo?, en el corazón de los ejercicios espirituales, sí, de esos días en que los/las religiosos/as tenemos el privilegio de cesar toda nuestra actividad habitual para detenernos a revisar nuestra vida, a retomar fuerzas, a renovar nuestra opción… me viene al corazón la necesidad de ‘ceder el paso’.

Puede que suene muy rutinario, muy simple, pero estos días en los que estoy releyendo mi vida desde la llamada que Dios me hace a seguirle, me están llevando a caer en la cuenta de cuántas veces paso yo por delante de… (y no es que no suela ceder el paso a los mayores; se trata de otra cosa). Sí, definitivamente, tengo que redescubrir la necesidad de ‘ceder el paso’.

‘Ceder el paso’ primero y principalmente, a Dios; tengo que darle el protagonismo total de mi vida, de mis actos, de mis palabras, de mis sentimientos; tengo que dejarle que aflore a través de mí, pero sobre todo que su voluntad prevalezca sobre la mía…
‘Ceder el paso’ a mis hermanas; dar prioridad a sus gustos, sus necesidades. Ser más amable, más paciente, más flexible. Estar más atenta a sus inquietudes, sus preocupaciones, sus ilusiones…
‘Ceder el paso’ a quienes trabajan con nosotras, teniendo más en cuenta sus opiniones, sus decisiones, sus expectativas. Ser una más con ellas.
‘Ceder el paso’ a las mujeres de nuestra Residencia; tenerlas más en cuenta, no impacientarme ante sus demandas, no exasperarme ante su incumplimiento de las normas; ser más comprensiva, más cercana, más acogedora…
‘Ceder el paso’ a… tantas personas que se cruzan conmigo a lo largo de los días, y a las que a veces no presto la atención que requieren…

Bueno, pues este es mi primer propósito para el próximo curso: ‘ceder el paso’ a Dios para podérselo ceder a mi prójimo.

¿Y tú? ¿Te animas a ceder el paso a Dios en tu vida?