Más de 100 años

Sí, se dice pronto. Ya hace más de 100 años que nos dejaste. Discretamente, en silencio, como te gustó vivir: ‘… sin levantar polvo…’ Pero, ¿realmente fue así? ¿fue tan callada tu vida? Cuando pienso en todo lo que iniciaste con tan solo 18 años, a las personas que motivaste, a las que entusiasmaste, a las que dignificaste, a las que liberaste… creo que tu vida no fue callada.

Quizás en tí no abundaran las palabras y fueran las obras las que expresaran en voz alta cuáles eran los hilos que movían tu vida, a Quien estabas atada, por quienes habías optado. En tu vida las palabras fueron los gestos cautelosos y discretos, los gestos decididos y aventurados, los gestos de misericordia, y las obras: el derroche de una vida cual el perfume que empapa el aire y cala en el alma.

Tu vida fue fecunda porque la viviste en clave de Dios, porque la misericordia fue tu programa de vida, porque te revestiste de la gracia del Evangelio, dejaste que penetrara en tus entrañas de mujer y gestara en tí sus obras impulsándote a vivir según el Espíritu de las Bienaventuranzas. Tu vida fue fecunda porque supiste entregarte sin medida a Dios por medio de de las obreras y a las obreras a través de Dios.

Gracias, Juana María, porque supiste descubrir el valor de lo esencial y optar en tu vida por hacerlo fecundar; gracias porque en Dios estuvo la razón de tu existencia. Enséñanos a dejarle la batuta de nuestras vidas, para que El vaya haciendo sonar con armonía cada una de nuestras palabras y vibrar con entusiasmo en cada una de nuestras obras. 

 

 

Perseverancia

perseverancia «Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.» (Lc. 21, 19) Con qué bella invitación a la confianza, al abandono, a la tranquilidad… finaliza el texto evangélico de hoy, último domingo ordinario del año litúrgico.

Dios nos tiene cogidos entre sus brazos, nos lleva en las palmas de la mano, nos cobija en su regazo de Padre… Nada de cuanto nos acontece le es extraño, desconocido. ¿Qué nos pide a cambio? Simplemente perseverar.

Perseverar: ser constantes en el seguimiento del camino iniciado, afianzar nuestra voluntad de vivir en su presencia, empeñarnos en alcanzar la meta a la que El nos llama.

Todo esto me acerca, irremediablemente, a la figura de nuestra Madre Juana María. ‘Firme tesón’ se titula una de sus biografías. Sí, ella fue una mujer firme, decidida, constante, perseverante; una mujer que no cejó en su deseo de vivir con coherencia, de entregarse oblativamente, de transparentar el amor de Dios… Fue una mujer que, con elegante firmeza, mostró a cuantos se oponían a que su proyecto viera la luz que éste estaba escrito con los trazos indelebles del Espíritu, rubricado con el sello imborrable de la presencia amorosa y entrañable de María Inmaculada, e inscrito en el corazón de Jesús del que emanaba la firmeza y seguridad que ella tenía en que lo suyo era ‘cosa de Dios’…

Hoy, más de cien años después, me cuestiono qué hemos hecho con la herencia recibida, con el legado que nos dejó, con su testamento espiritual: la certeza inmensurable de que Dios acompaña, impulsa y guía cada uno de nuestros pasos. ¿Dónde queda en nosotras ese abandono en Dios que tanto la caracterizó a ella? ¿Dónde la oración permanente, el servicio inquebrantable, la entrega radical?

‘Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’ , nos dice Jesús hoy.
¡He ahí nuestro reto! Perseverar, caminar sin desfallecer, permanecer firmes. Orar incesantemente.
Sí. Orar, porque en el encuentro orante con Dios se fraguan nuestros sueños más audaces, nuestros deseos más sinceros, los anhelos más íntimos de nuestro corazón…

Renovación

pilaaguaEs quizás esta pequeña ‘pila de agua bendita’ el único testigo que queda de la primera profesión pública perpetua en nuestra Congregación. Está muy lejano en el tiempo aquel 8 de septiembre de 1911 en el que la Madre Juana María, junto a 18 hermanas, emitió sus votos perpetuos públicamente en la Capilla de la Casa Noviciado de Burjassot. Públicamente porque su corazón desde siempre era de y para Dios por toda la eternidad. Al menos eso es lo que podemos vislumbrar al contemplar su vida. Una vida que sólo tenía sentido desde Dios…

Nosotras, año tras año, hacemos memoria de dicho acontecimiento, renovando, simbólicamente, nuestros votos. Este año dedicado a nuestra Madre Juana María (por celebrar el Centenario de su partida hacia la Casa del Padre) recordar y celebrar dicho acontecimiento remueve mi interior y me invita a releer su vida:

  • Se fue de aquí muy joven, porque muy joven se adentró en la aventura del seguimiento radical de Jesús.
  • Abrazó con amor la Cruz que Jesús había diseñado para ella: orfandad, incomprensión, dudas, larga espera, enfermedad… hasta entregar la vida dando vida.
  • Vivió en plenitud los votos profesados: la pobreza, como un acto de desprendimiento (sus bienes y su persona); la virginidad, amando gratuita y oblativamente a las desheredadas de la historia; la obediencia, aceptando la mediación humana del cardenal Monescillo que tantas trabas puso a sus planes.
  • Creyó en la fraternidad como modo de vida para desempeñar su proyecto.
  • Contagió con gran celo apostólico y entusiasmo a otras jóvenes que se unieron a ella para dar vida al carisma que el Espíritu suscitó en su corazón.

Hoy, al renovar los votos, me dejo llevar por el recuerdo y pienso en ella que tanto luchó, se esforzó y soñó con ser de Dios y para Dios, y le dejo cuestionarme: ¿dónde pongo yo el acento en mi vida? ¿es Dios el eje vertebrador de mi existencia como lo fue de la suya? ¿en qué me empeño yo día tras día…?

En este 8 de septiembre te pido, Madre Juana María, por todas tus hijas que queremos seguir tus huellas y prolongar tu carisma en la historia: contágianos con tu entusiasmo, enciende nuestro corazón con tu ardor, y haznos desear ser de Dios como lo fuiste tú.

Enjugar las lágrimas

obrerasLa lectura del libro del Apocalipsis del 5º domingo de Pascua expresa muy bellamente la acción misericordiosa de Dios: ‘Dios enjugará toda lágrima de sus ojos’; calmará todo el llanto de su pueblo, estará con ellos, pondrá su morada entre ellos, será su Dios… Es una bella invitación a la tranquilidad, al sosiego, al descanso del alma. De alguna manera Dios se está mostrando al pueblo como un Padre cercano, cariñoso, acogedor… un Padre que se desvela por sus hijos, que quiere que pongan en El toda su confianza, que acoge todas sus preocupaciones, sus anhelos, sus desvelos.

De alguna manera me acerca esta frase a la figura de la Madre Juana Maria. Ella también quería enjugar las lágrimas de las obreras, mitigar su fatiga, aliviar su cansancio. Ella quiso ser para las mujeres trabajadoras ese bálsamo restañador de las heridas con que las duras condiciones laborales, el injusto trato de los patronos, los peligros del camino iban lacerando sus vidas. Y, como dice el evangelista de Dios, Juana María quiso estar con ellas, poner su morada entre ellas, ser su ‘madre’.

Hoy, más de cien años después que ella comenzará a escribir esta historia de ternura y compasión, de amor y misericordia, me pregunto cómo estamos administrando la herencia recibida de ella, cómo estamos dando vida al carisma que el Espíritu infundió en su corazón, cómo vamos enjugando las lágrimas, aliviando el cansancio, acogiendo la fatiga de las mujeres que día tras día llegan hasta nuestra casa buscando ese remanso de paz, ese espacio de sosiego, ese abrazo de ternura…

Quizás son pocos y pequeños los granos de arena que aportamos a la construcción del Reino, tal vez sigamos mediocremente las huellas de esta gran mujer, posiblemente algunas veces dejemos de enjugar algunas lágrimas, pero … en el día a día de mi vida cotidiana percibo en mis Hermanas vivo y despierto el deseo de acoger y acompañar, de escuchar y aconsejar, de vendar y cicatrizar las heridas; descubro el anhelo de ser ‘madres’ que se desvelan por los pequeños, frágiles y desheredados de la tierra.

¡Animo! Si Dios está con los pequeños, también está con nosotras; si la Madre Juana María acompañó a las obreras también hoy nos acompaña a nosotras; si queremos enjugar lágrimas no faltará quien necesite nuestro abrazo maternal…

A tí que hoy lees estas líneas te digo: ¿te animas a unirte a nuestro proyecto?

Entre la seda

ofrendas
Entre las fábricas de seda se movió su vida, sin ruido, calladamente hizo su labor. Jugó un importante papel para la vida de las tejedoras, de las obreras de las fábricas de seda. Cerca de ellas quiso abrir el Asilo, el hogar que todas anhelaban…
Han pasado 100 años desde que nos dejó, pero su recuerdo sigue vivo, su espíritu continua velando por las obreras. Hoy ya no son de las fábricas de seda; hoy sus fábricas son otras, pero igualmente buscan un hogar…

Hoy, igual que ayer, muchas mujeres son el motor, el sostén de sus familias.
Hoy, igual que ayer, muchas mujeres dejan atrás, con dolor, el calor de la familia.
Hoy, igual que ayer, muchas mujeres trabajan, incansables, largas y duras jornadas laborales.
Y, hoy igual que ayer, Juana María Condesa surge como una estrella en su camino para tenderles una mano.

Se la quiere nombrar ‘Patrona de la seda’
Pocas mujeres sabrán como ella del cansancio, la fatiga, el dolor y la incomprensión que las obreras de las fábricas de la seda ocultaban en cada puntada, en cada hilván, en cada pasada de la lanzadera.
Pocas mujeres sabrán como ella de la necesidad del calor de un abrazo, una palabra amable, una mirada apacible que anhelaban encontrar las obreras tras las duras jornadas de trabajo.
Pocos sabrán como ella que las obreras eran mano de obra barata, por su escasa formación, por su acuciante necesidad, por su vulnerable sumisión.

Han pasado 100 años… pero parece que fue ayer cuando las obreras interrumpían su jornada laboral para llevar sobre sus hombros los restos de quien se dio para ellas, luchando por ellas y viviendo entre ellas.
Entre la seda sin tejer, urdiendo un tapiz con la acogida, la comprensión, la formación… transcurrió su vida.

Arriesgarse

anunciacion Sí, hoy Dios se arriesgó. Corrió el riesgo de preguntar, de contar con el otro, de confiar…
María también se arriesgó. Se arriesgó al responder, al dejarse sorprender, al abandonarse…

Me transporta tan lejos el pasaje evangélico que contemplamos hoy, la fiesta, solemnidad, que celebramos. Me cuestiona tanto las consecuencias de esta decisión…

En una pregunta y su respuesta se jugaba la historia de la salvación. En una pregunta y su respuesta se jugaba la Alianza que Dios quería sellar con su pueblo. En una pregunta y una respuesta se jugaba la Vida…

El proyecto de Dios parecía, a los ojos humanos, descabellado: ¿qué vió en aquella doncella nazarena?
La opción de María fue audaz: ¿qué conocía ella de Dios?
Quizás se entrecruzaron los proyectos, sueños y deseos de ambos, de Dios y de María, del Todopoderoso y de la criatura humana…

‘Nada es imposible para Dios’, concluyó el ángel.
‘Hágase en mí’, respondió María.
El riesgo no es imposible para Dios, aunque nada se escapa de su mano, ni de su cuidado.
Responder con generosidad, desde la gratuidad, arriesgando la vida fue la decisión de María.

Sí, Vivir (con mayúsculas) es arriesgarse.
Arriesgarse a forjar un proyecto, a abrazar un deseo, a alimentar la esperanza.
Arriesgarse a dar un paso hacia el otro, a decir una palabra amable, a sonreír cuando todo parece vano.
Arriesgarse a ser uno mismo, a vivir con coherencia, a irradiar alegría.

Una vida evangélica no es posible sin correr el riesgo de amar, de salir al encuentro, de acoger al hermano.
Una vida evangélica es una vida comprometida con las causas de los más desfavorecidos, como hizo nuestra Madre Juana María, que optó por ser la voz de las sin voz, por restaurar el cansancio de infatigables horas de trabajo, por acoger las pausas entre jornadas de las obreras valencianas y ofrecerles pan, instrucción y ternura. Juana María entendió, como María, que no podía Vivir sin arriesgarse, porque Dios había optado por ella.

Hoy confluyen en mi recuerdo ambas mujeres: María, por ser hoy su día, el día en que optó por hacer realidad en Ella el sueño de Dios y Juana María porque quiso que este día, hace muchos años, se inaugurase su capilla, tomase forma su proyecto.

En memoria de Ellas quiero vivir optando por el riesgo de amar, y responder como María: Hágase…
¿Y tú? ¿Te atreves a arriesgar tu vida?