María, mujer

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Un año más el mes de mayo nos acerca a la figura de María, la Mujer por excelencia, la Madre por gracia de Dios.

Acercarnos a Ella es una manera de palpar, tocar, acariciar, nuestra realidad de criaturas, creadas por un designio de amor de Dios Padre.

Contemplar a María es aproximarnos a la grandeza que puede llegar a vivir, gustar y gozar la persona cuando es capaz de responder con fidelidad, presteza y alegría a la llamada de Dios.
La fragilidad, la humildad, la pequeñez, son en María motivo de gratitud y gratuidad: ‘Engrandece mi alma al Señor… porque se ha fijado en la pequeñez de su esclava’. (cf. Lc 1, 46.48)

Sí, Dios se fija en los pequeños detalles, en las búsquedas sinceras, en las respuestas coherentes. Dios se fija en la limpieza del alma, en la pobreza de espíritu, en la mansedumbre del corazón. Dios ha encontrado en María a la Mujer con la que El soñó para ser Madre de su Hijo; Dios ha descubierto en María un corazón libre para amarle sin condiciones; Dios ha visto en María un espejo en el que poder reflejarse.

En este mes de mayo, que iniciamos con la fiesta de San José Obrero y concluiremos con la Visitación de María a Isabel, María quiere acompañar nuestro camino, nuestra misión, nuestro trabajo: el camino de búsqueda de la voluntad de Dios para nuestro cotidiano vivir y de respuesta fiel, sincera y coherente a nuestra propia vocación; la misión de ser sus testigos en medio de una sociedad que necesita voces que interpelen y muestren que lo pequeño y frágil, lo humilde y sencillo, tiene valor; el trabajo, que cada uno desempeña, hecho con amor, para colaborar en la construcción de un mundo más justo, más humano, más fraterno.

María sostiene nuestros pasos vacilantes; infunde su aliento en nuestras vidas, a veces desorientadas; estimula nuestra respuesta al proyecto que Dios tiene para nosotras.

María es la Mujer libre y liberadora. Es la Madre en cuyas entrañas se gestan la cercanía y la ternura de un Dios amor. Es el modelo a seguir…

Acércate a Ella confiadamente en este mes… no podrás dejar de hacerlo en los siguientes.

Como María

manosMEn el corazón del mes de mayo, mes dedicado a María, muchas noticias de desastres naturales, violencia, persecuciones… van enturbiando nuestro día a día y cuestionando nuestra existencia, nuestro modo de vivir, la tranquila ‘seguridad’ en la que aquí, en Europa, nos movemos. Me preguntó a menudo qué respuesta estamos llamadas a dar nosotras, como religiosas, ante dichas noticias… Quizás, a ese nivel, poco podemos hacer, pero sí podemos actuar (escuchar, acompañar, acoger, alentar, estimular…) ante las situaciones de precariedad, de penuria, de dolor, de injusticia que encontramos en nuestro caminar.

En estos días evoco constantemente a María, la Virgen; la liturgia y la piedad popular hacen que mayo gire en torno a Ella. María es la Mujer que supo dar a cada uno y en cada momento la respuesta adecuada:
– cuestionó al ángel cuando le propuso algo que escapaba a la comprensión humana;
– se puso en camino, con presteza, para acompañar y ayudar a Isabel;
– alabó la grandeza de Dios que actúa en el corazón de los sencillos;
– emigró a Egipto protegiendo a su Hijo;
– …
– permaneció firme al pie de la Cruz, alentando la esperanza de los amigos de su Hijo;
– aglutinó en torno a Ella, perseverando en la oración, a los discípulos a la espera del Espíritu…

¿Quién la guiaba? Sus manos entrelazadas, elevadas hacia lo alto, nos hablan de la continuidad de su plegaria, de la constancia de su oración, de la permanente presencia de Dios en sus pensamientos, en sus palabras, en sus acciones…
Pienso en María y me preguntó cuáles serían sus respuestas a las vicisitudes que encontramos en nuestro caminar. Al contemplarla, me habla de plegaria esperanzada, de abandono confiado, de serena presencia, de acogida incondicional, de disponibilidad absoluta…
Es todo un proyecto de vida, que hoy quiero hacer mío: vivir con el talante de quien se pone en camino con presteza y deja todas las inquietudes en las manos de Dios porque ‘para El nada hay imposible…’

Arriesgarse

anunciacion Sí, hoy Dios se arriesgó. Corrió el riesgo de preguntar, de contar con el otro, de confiar…
María también se arriesgó. Se arriesgó al responder, al dejarse sorprender, al abandonarse…

Me transporta tan lejos el pasaje evangélico que contemplamos hoy, la fiesta, solemnidad, que celebramos. Me cuestiona tanto las consecuencias de esta decisión…

En una pregunta y su respuesta se jugaba la historia de la salvación. En una pregunta y su respuesta se jugaba la Alianza que Dios quería sellar con su pueblo. En una pregunta y una respuesta se jugaba la Vida…

El proyecto de Dios parecía, a los ojos humanos, descabellado: ¿qué vió en aquella doncella nazarena?
La opción de María fue audaz: ¿qué conocía ella de Dios?
Quizás se entrecruzaron los proyectos, sueños y deseos de ambos, de Dios y de María, del Todopoderoso y de la criatura humana…

‘Nada es imposible para Dios’, concluyó el ángel.
‘Hágase en mí’, respondió María.
El riesgo no es imposible para Dios, aunque nada se escapa de su mano, ni de su cuidado.
Responder con generosidad, desde la gratuidad, arriesgando la vida fue la decisión de María.

Sí, Vivir (con mayúsculas) es arriesgarse.
Arriesgarse a forjar un proyecto, a abrazar un deseo, a alimentar la esperanza.
Arriesgarse a dar un paso hacia el otro, a decir una palabra amable, a sonreír cuando todo parece vano.
Arriesgarse a ser uno mismo, a vivir con coherencia, a irradiar alegría.

Una vida evangélica no es posible sin correr el riesgo de amar, de salir al encuentro, de acoger al hermano.
Una vida evangélica es una vida comprometida con las causas de los más desfavorecidos, como hizo nuestra Madre Juana María, que optó por ser la voz de las sin voz, por restaurar el cansancio de infatigables horas de trabajo, por acoger las pausas entre jornadas de las obreras valencianas y ofrecerles pan, instrucción y ternura. Juana María entendió, como María, que no podía Vivir sin arriesgarse, porque Dios había optado por ella.

Hoy confluyen en mi recuerdo ambas mujeres: María, por ser hoy su día, el día en que optó por hacer realidad en Ella el sueño de Dios y Juana María porque quiso que este día, hace muchos años, se inaugurase su capilla, tomase forma su proyecto.

En memoria de Ellas quiero vivir optando por el riesgo de amar, y responder como María: Hágase…
¿Y tú? ¿Te atreves a arriesgar tu vida?

Al cielo…

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Dicen que la Virgen María no murió, que Jesús, su Hijo, la sumió en un profundo sueño y vino a buscarla…
No sé bien cuál será la realidad; tampoco me preocupa mucho. Lo cierto es que Ella goza de la presencia, del favor y del amor de Dios. De Dios Padre que pensó en Ella para cumplir su Alianza con su pueblo; de Dios Espíritu Santo que hizo posible la realización de este Misterio de Amor; de Dios Hijo que se encarnó en Ella y por Ella se hizo uno de nosotros.

La Asunción de María al cielo es para mí motivo de esperanza, vivida en fidelidad a la llamada de Dios a seguirle; es motivo de gozo, vivido en el quehacer cotidiano buscando dar respuesta coherente al proyecto de Dios sobre mí; es motivo de fe vivida en la confianza de que es Dios quien va orientando e iluminando mi camino.

La Asunción de María es aliento y estímulo en mi peregrinar; Ella es quien me precede, quien me muestra el camino a seguir, quien señala el rumbo que deben seguir mi pasos. Ella es quien extiende sus manos hacia mí invitándome a no desfallecer.

María es quien, desde el cielo, eleva cada día a Dios Padre una plegaria por mí para que mis pies vayan siempre por sus senderos; Ella es quien me mantiene alerta buscando que el Evangelio sea mi norma de vida; Ella es quien pronuncia conmigo el Sí de cada día… María es quien me espera en la meta de mi peregrinación: Dios.

María, Madre y Maestra, Amiga y Hermana, compañera de camino,
Tú, que ya gozas de la presencia de Dios,
mira a tus hijas, las Esclavas de María,
que peregrinan por esta tierra anhelando llegar un día al cielo.
No apartes tus ojos de las que te tienen por modelo,
por ejemplo, por norte de su vida.
Presenta ante Dios Padre a las que de Tí se han hecho Esclavas:
Esclavas de la Esclava del Señor,
para que mire benévolo esta pequeña Congregación
que quiere sembrar en la tierra una pequeña parcela del cielo
viviendo, sirviendo, amando y construyendo el Reino.
Despierta en las jóvenes el deseo de seguir y amar a Jesús
con el espíritu y el estilo de la Madre Juana María:
con sencillez, humildad y alegría. Amén.

Una visita especial

visitacionHoy concluye el mes de mayo, el mes de María, con la celebración de la Visitación de María a su prima Isabel.
Hace apenas dos meses que María recibió al ángel Gabriel en su casa anunciándole lo que Dios necesitaba hacer por medio de Ella y comunicándole el embarazo de Isabel y María ya ha emprendido su misión.
Sí, su misión de ser portadora de la Buena Noticia, su misión de ser el Arca de la Alianza que siempre estuvo en camino, su misión de ir al encuentro de quien la necesita, su misión de acompañar, alegrar, esperanzar…
Su misión de ser Mediadora, la Mediadora universal, el puente seguro de unión entre nosotros y Dios.
Me cuestiona esta visita, me cuestiona la rapidez, la prontitud, la presteza de María… Y me pregunto: si yo (o tú, o cualquiera de nosotros) recibiéramos una noticia de tal magnitud, ¿cómo reaccionaríamos: ¿nos pondríamos en camino para echar una mano? o más bien diríamos que necesitamos calma, tranquilidad, sosiego para orarla, meditarla, reflexionarla, asimilarla?
En este ponerse en camino con presteza María nos da una gran lección: las cosas de Dios se asumen, se acogen, se aceptan, desde el servicio, con actos de amor, con gestos de salida de uno mismo; las cosas de Dios se integran en la vida desde el abandono confiado, el dejarse hacer, el olvido de uno mismo; las cosas de Dios se viven al ponernos en camino. En camino interior (oración, lectura de la Palabra, celebración de la fe…) y exterior (servicio, disponibilidad, entrega, generosidad, comprensión, compasión…).
María visita a Isabel, pero su visita no es de cortesía; su visita es un gesto de amor. Amor que la lleva a compartir sus vivencias, a alegrarse mutuamente por su estado de buena esperanza, a liberar de prejuicios por la gravidez en la vejez, a acompañar en el momento crucial de dar a luz… En su visita María es portadora de la ternura de Dios que siempre sale al camino.
La visita de María a Isabel cuestiona mis visitas, mis gestos, mis respuestas; cuestiona mi prontitud al ponerme en camino. ¿También te cuestiona a tí?

Mare de Deu dels Desamparats

mare-de-DeuHoy en Valencia es el día de la Virgen, de la Mare de Deu.
Esta mañana hemos participado en la Missa d’Infants; la plaza estaba a rebosar y aunque los murmullos cuando hay tanta aglomeración se hacen inevitables, había momentos en los que el silencio se podía cortar.
Me estremecen y cuestionan estas celebraciones.
Me estremecen porque ¡cómo mueve la Mare de Deu a tantas personas! ¡cómo llega a tantos corazones!
Me cuestionan porque: ¿cómo asemejarnos a Ella? ¿cómo acrecentar nuestra fe en Jesús? ¿cómo seguir su ejemplo?
Como Esclava de María, heredera del legado mariano de la Madre Juana María, esta mañana al escuchar la homilía de Don Carlos, nuestro arzobispo, no podía menos que pensar en ella, en Juana María: Don Carlos hablaba de la archicofradía de la Virgen cuya finalidad es la atención a los desfavorecidos; Juana María, conocedora de esta obra, quiso atender a un sector muy desamparado de la sociedad de aquella época: la mujer obrera, y quiso hacerlo de una manera íntegra, entregando su vida a Dios para ellas. Pensaba en la semejanza de ambas misiones y me sentía orgullosa de nuestra Madre Juana María, cuya vida, recién nacida, fue ofrecida por su madre a la Mare de Deu para que la acompañase y guiase en su caminar. ¡Qué pensaría doña Juana años después al ver como la Verge había escuchado su plegaria!
Como valenciana que era, para Juana María la Mare de Deu sería su referente y acudiría con frecuencia a la Basílica a visitar  a la Verge en su camerín y allí, ante Ella gestaría su proyecto, a Ella ofrecería su vida, a través de Ella presentaría a Dios la vida de las obreras, como Ella sería esclava del Señor.
Mare de Deu dels Desamparats, a Tí acudimos, acoge nuestras súplicas y preséntalas a Dios.