Navidad entrañable

Navidad es Amor, Paz, Esperanza, Gozo, Alegría, Sencillez…
Navidad es Acogida, Encuentro, Entrega, Solidaridad…
Navidad es Compromiso, Compasión, Misericordia, Justicia…
Navidad es Plenitud de Dios en el corazón que se desborda por cada uno de nosotros y nos invita a vivir desde la Humildad de Nazaret, abriendo el corazón a la Vida que late en nuestro interior y nos hace vibrar con María, la Mujer de Fe, la Madre entrañable…
Navidad es dejar brotar en nuestro corazón la ternura  hacia un Niño que es Dios; es albergar sentimientos de cercanía; es salir al encuentro, ir en búsqueda, despertar el alma dormida…
Navidad es abrazar la mirada de Dios hacia cada uno de nosotros; es acariciar sus manos abiertas y depositar en ellas nuestras fatigas; es tocar el cielo en la tierra en la sonrisa de un recién nacido…
Navidad es el Sí de Dios para la humanidad que espera nuestro Si para cada uno de los pequeños y desheredados de la historia.
Navidad eres tú que sueñas, crees y caminas con ilusión hacia la Verdad.
¡Feliz Navidad!

En tus manos María

Al mirarte esta tarde, María, mi corazón se estremece.
Celebramos tu Inmaculada Concepción en días próximos al nacimiento de tu Hijo. Todo tu ser vibraría emocionado pensando en contemplar su rostro, acariciar sus manos, mirarle embelesada…
¡Cuántas preguntas no bullirían en tu mente!, ¡cuánta inquietud callada, apagada, silenciada…!, ¡cuánta zozobra no habría en tu corazón de nazarena, en tu ser de mujer judía, en tu vida de recién desposada…!

Te lanzaste al vacío creyendo firmemente en la palabra de un mensajero que te dijo venía de parte de Dios; te abandonaste confiadamente a un proyecto humanamente irrazonable; te arriesgaste a ser tachada de… ‘atolondrada’. ¡Qué grande fue tu FE!

En este atardecer quisiera adentrarme en tu corazón de mujer joven y madura, en tu espíritu entregado y reservado, en tu alma limpia y transparente, y dejarme empapar por tu pureza, por tu candidez, por tu verdad…
Hoy quisiera pedirte, humildemente, que me des la mano y acompañes mi caminar, que guíes mis pasos que quieren ir tras tu Hijo, que me envuelvas bajo tu manto y cobijes mi vocación, para que, como Tu, mi vida se lance confiadamente al vacío, a ese vacío donde sólo habita Dios.

En este atardecer te pido por mi/tu Congregación, para que caminemos, esperemos y vivamos, como Juana María nos enseñó: con la mirada puesta en tu Hijo a través de Ti; para que descansemos en tu corazón de Madre, de Hija y de Esclava todas nuestras inquietudes y anhelos; para que aquellas y aquellos a quienes somos enviadas os descubran latiendo entre nosotras…

En tus manos, María, descansa nuestra vida. ¡Gracias!

Escrito con ‘F’

Dicen que hay historias que se escriben con ‘F’
Sí, la f de fe, la f de fidelidad, la f de fraternidad…
Y esta es una de ellas. Es la historia que ha imprimido Dios en el corazón de algunas personas en las que, sin merecerlo, se ha fijado, las ha escogido para sí, consagrándolas y haciéndolas suyas para siempre.
Es la historia que transcribe Dios con alguna criatura manteniéndose fiel a lo largo de los años a pesar de las flaquezas, recorriendo junto a ella un camino de fe aún en medio de los fallos humanos, despertándola cada día a encontrar el sentido de la fraternidad entre las falacias en que a veces nos movemos.

Descubrir este paso de Dios por mi vida (y también por la tuya) me estremece y lanza, como una flecha en manos de un experto arquero, a percibir las efes del proyecto de Dios para mí y a caminar con firmeza, fortaleza, franqueza…
Sentir que la historia de mi vida está deletreada partiendo de las efes de Dios me llena de gozo, y me urge a vivir en gratitud y gratuidad… (después de la f viene la g).
Gracias, Señor, por escribir a través de mí tu historia de amor… ¡Gracias!

 

Ceder el paso

En el corazón del verano, y también, ¿por qué no decirlo?, en el corazón de los ejercicios espirituales, sí, de esos días en que los/las religiosos/as tenemos el privilegio de cesar toda nuestra actividad habitual para detenernos a revisar nuestra vida, a retomar fuerzas, a renovar nuestra opción… me viene al corazón la necesidad de ‘ceder el paso’.

Puede que suene muy rutinario, muy simple, pero estos días en los que estoy releyendo mi vida desde la llamada que Dios me hace a seguirle, me están llevando a caer en la cuenta de cuántas veces paso yo por delante de… (y no es que no suela ceder el paso a los mayores; se trata de otra cosa). Sí, definitivamente, tengo que redescubrir la necesidad de ‘ceder el paso’.

‘Ceder el paso’ primero y principalmente, a Dios; tengo que darle el protagonismo total de mi vida, de mis actos, de mis palabras, de mis sentimientos; tengo que dejarle que aflore a través de mí, pero sobre todo que su voluntad prevalezca sobre la mía…
‘Ceder el paso’ a mis hermanas; dar prioridad a sus gustos, sus necesidades. Ser más amable, más paciente, más flexible. Estar más atenta a sus inquietudes, sus preocupaciones, sus ilusiones…
‘Ceder el paso’ a quienes trabajan con nosotras, teniendo más en cuenta sus opiniones, sus decisiones, sus expectativas. Ser una más con ellas.
‘Ceder el paso’ a las mujeres de nuestra Residencia; tenerlas más en cuenta, no impacientarme ante sus demandas, no exasperarme ante su incumplimiento de las normas; ser más comprensiva, más cercana, más acogedora…
‘Ceder el paso’ a… tantas personas que se cruzan conmigo a lo largo de los días, y a las que a veces no presto la atención que requieren…

Bueno, pues este es mi primer propósito para el próximo curso: ‘ceder el paso’ a Dios para podérselo ceder a mi prójimo.

¿Y tú? ¿Te animas a ceder el paso a Dios en tu vida?

La orla del manto

Aún resuena en mi corazón del Evangelio de ayer, la invitación de Jesús a acercarnos a El para descargar en sus hombros de Buen Pastor, de hermano mayor, de amigo entrañable, nuestras preocupaciones, inquietudes, afanes…

Y pienso que la hemorroísa de la que nos habla hoy el Evangelio supo hacerlo con absoluta confianza, con elegante audacia, con total resolución. No dudó un momento en acercarse a Jesús para descargar en El el cansancio producido por su enfermedad en un reclamo de obtener de El sino la sanación, al menos el alivio, la fuerza, el ánimo para vivir con ella.

Esta mañana, escuchando el Evangelio, no podía menos de pensar en mis desvelos, en aquellos que tal vez me tienen atada impidiéndome vivir con plena y total libertad, y me preguntaba cómo tocar la orla del manto de Jesús para descansar en El mi cansancio… También me preguntaba si mis inquietudes podían considerarse tales cuando tengo cubiertas todas mis necesidades mientras millones de personas carecen de lo más necesario para vivir con dignidad…

Después de orar estos textos evangélicos, siento que la orla del manto de Jesús que debo tocar es la que me impulse a salir de mí misma, a olvidarme de mis nimiedades, a entregarme oblativamente…
Deseo tocar la orla del manto que me urja a vivir desde la confianza plena en El, la que me acerque a los que realmente sufren (por la falta de cariño, de trabajo, de salud, de alimentos…) para ser descanso de sus fatigas, paño que enjugue sus lágrimas, caricia que sane sus heridas.
La orla del manto que quiero tocar es la que tocó la Madre Juana María…

Y tú, ¿qué orla del manto quieres tocar?

Arrodillarse

Un año más Jesús, hecho Pan de Vida sale a nuestro encuentro en la procesión del Corpus.
Un año más su presencia por nuestras calles polvorientas es una invitación a salir a su encuentro, o mejor dicho, a dejarnos encontrar por El.
La procesión de esta tarde me lleva a menudo a pensar en la grandeza de la humildad de nuestro Dios…
Ante algo tan sublime sólo me queda arrodillar el corazón, caer postrada a sus pies y reconocer mi pequeñez y fragilidad.
Al descubrir su caminar entre nosotros me sorprendo al sentir, como la hemorroisa, la necesidad de rozar su manto y que El sane mis heridas, el apremio de abrir mi corazón y depositar en su talego todos mis afanes, la urgencia de saciar mi hambre y mi sed de justicia, verdad y libertad con la sabiduría de su Buena Noticia…

Esta tarde, mi buen Jesús, cuando salga a contemplar tu paso por las calles para dejarme encontrar por Ti, para sentirme mirada por Ti, para percibir tu voz entre los múltiples sonidos que inundan mi vida… aviva mi corazón, limpia mi mirada, abre mis oídos… para que sienta, aprenda y comprenda que Tu estás cada día por las calles en todos aquellos que me tienden la mano o simplemente contemplan mi paso. Que mi corazón, al arrodillarse hoy ante Ti, aprenda a arrodillarse ante los pequeños y necesitados… Que sepa darles el pan que sacia y el vino que embriaga de amor.

¿Os animáis a dejaros encontrar y acompañar por Jesús Eucaristía en el camino de vuestra vida?