¿Para quien soy?

La barca varada, el agua sosegada, el ocaso recién estrenado… acaba una jornada de trabajo, un día más de tantos días en los que la penumbra sucede al sol radiante, el descanso a la fatiga, el sosiego al ajetreo, el silencio al bullicio.
En la quietud de la noche, en la paz del Encuentro, en la soledad habitada, cuando rememoro lo vivido, lo hablado o callado, lo orado y celebrado… me pregunto ¿por quien lo he hecho?, ¿cuánto amor he puesto en cada una de mis acciones?, ¿para quien he vivido?… En definitiva: ¿para quien he sido?, ¿para quien soy?. O, formulado de otra manera: ¿Quién es el que da sentido a mi vivir?

Si no reconociera que El habita en lo más recóndito de mí, dando calor a los fríos papeles de un despacho, inoculando su ternura en cada uno de mis actos, iluminando cada día grisáceo, fecundando mis entrañas con su misericordia y compasión, impulsando cada gesto con el aliento de su Espíritu, orientando cada uno de mis pasos para encontrarle en los más frágiles y vulnerables, mitigando las zozobras, afianzando mis decisiones con su Palabra de Vida…; si no reconociera que El está ahí, siempre, invariablemente, imperceptiblemente a veces; si no reconociera que soy porque El es en mí, que avanzo porque El me lleva en sus brazos, que rezo porque El es mi oración… no sería quien soy, ni haría lo que hago, ni tendría sentido haber optado radicalmente por El.

¿Para quien soy? Creo que ya lo sabes…
¿Y tú? ¿Para quien eres? ¿Por quien quieres vivir tu vida?
Tal vez hoy, Dios te esté invitando a seguirle. ¡No lo dudes!

Hágase

Al adentrarme en el misterio de la encarnación releyendo el relato de la anunciación o de la vocación de María, no puedo menos que pensar en el desbordamiento interior que viviría aquella joven nazarena al sentirse invitada por Dios a sellar con El la Nueva Alianza.

Pienso que sólo desde la sencillez de un corazón enamorado y abierto a la novedad del día a día es posible acoger el proyecto aparentemente descabellado de un Dios que quiere hacerse uno con y como nosotros.
Creo que esa fue la grandeza de María: su indudable disponibilidad y su abandono incondicional al querer de Dios. Sin ninguna duda el camino a recorrer no se preveía fácil; llegar a alumbrar al Hijo de Dios era la meta de un peregrinaje transitado entre incomprensiones, renuncias y despojo interior.
María, con su Hágase, se adentra en el Misterio de Dios y se deja envolver por su ternura hasta diluirse íntegramente y ser una con el Hijo que se gestaba en sus entrañas.
La excelsitud de María reside en su pequeñez, en su pureza, en su humildad; con su Fiat, María opta por ser de Dios y para Dios, decide morar en Dios, elige vivir desde Dios. Es El quien da sentido a su existir.

Hoy María nos invita a abrirnos al proyecto que Dios tiene diseñado para cada uno de nosotros y a dejarle delinearlo con nuestro abandono a su voluntad.
María nos anima a pronunciar, como Ella, con plena convicción: Hágase.
¡No lo dudemos, sólo así nuestra vida será plena!

Mujeres

Ante una mujer que nos aglutina y nos enseña a escribir nuestra historia femenina con dignidad, sólo cabe abrir el corazón a la esperanza en un mañana mejor, sonreír ante las adversidades y luchar porque nuestros sueños puedan ser realidad.
Ante Juana Condesa Lluch muchas de nosotras hemos empezado a vivir una etapa nueva de nuestra vida, descubriendo el sentido de la existencia en la entrega, la generosidad, el desprendimiento…
El lema de su vida: ‘Yo y todo lo mío para…’ orienta nuestra razón de ser como Esclavas de María Inmaculada, como trabajadoras y/o colaboradoras en su misión y apostolado, como residentes en cualquiera de sus casas … como miembros de una familia que tiene como objetivos dignificar y empoderar, instruir y formar, acompañar y evangelizar, a las mujeres en situación de vulnerabilidad, para que puedan ser protagonistas activas de su historia de vida.
Hoy queremos rendir homenaje a cada una de las mujeres que en estos momentos compartís nuestras vidas (trabajadoras, residentes, colaboradoras…) y nos ayudáis a escribir esta historia de vida, este poema de libertad, esta parábola del Evangelio.
Por cada una de vosotras, por todas nosotras, elevamos una plegaria y depositamos en el corazón de Juana María vuestros nombres, que ella nos ayude a hacer realidad nuestras esperanzas, sueños y proyectos y nos enseñe a vivir la vida en clave de amor.
¡Feliz Día de la Mujer!

En Ti, María

En Ti, María, se desborda el inmenso amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas.
En Ti, María, el misterio inefable e insondable de Dios se hace presencia latente y palpable.
En Ti, María, podemos contemplar la exuberancia de un Dios que se ha fijado en tu pequeñez y ha querido enaltecerte y ensalzarte.

En Ti, María, la vida se hace oración: esperanza confiada en un Dios para el que todo es posible; fe abandonada en un Dios que sabe lo que cada uno necesitamos; amor inapelable de Dios hacia cada uno de los pequeños de la historia.
En Ti, María, Dios sale a nuestro encuentro transitando nuestros caminos polvorientos; su misericordia se vuelve abrazo y caricia; su compasión se torna ternura y paciencia.
En Ti, María, Dios se hace uno con nosotros y Tu nos invitas a caminar tras sus huellas. En Ti encontramos la fortaleza para avanzar en nuestro camino de seguimiento de Jesús, siendo Esclavas tuyas desde la libertad de querer ser para El.
En Ti, María, podemos gestar un mundo nuevo de esperanza y de paz…

Velad

¡Velad! es la invitación apremiante que nos hace hoy Jesús. ¡Velad! es también una palabra que define al Adviento.
Y velad es un imperativo actual para preservar la salud.
Sí. Parece que el permanecer en vela, alertas, de alguna manera esté hoy de moda. Pero tal vez tendríamos que preguntarnos por qué velamos o por qué estamos alerta, qué vigilamos o de qué nos distanciamos… En fin, tal vez velamos porque tenemos miedo.
Sí. Quizás el miedo al Covid-19, a perder la salud física, nos esté llevando a deshumanizar las relaciones, a romper los lazos de cercanía, amistad, acogida, escucha, diálogo… con quienes a diario nos relacionamos.
Quizás preservar la salud se esté convirtiendo en el centro de nuestra vida cotidiana y restando espacios a esos momentos mágicos de encuentro con el Otro y con los otros, a esos momentos que realmente nos dan ‘salud’ porque nos conectan con nuestro centro más recóndito y nos hacen vibrar de verdad por algo o Alguien importante para nosotros.
Quizás la invitación de Jesús en este adviento sea velar por no perder el horizonte de nuestra existencia, velar por ‘cuidar’ a los otros a través de unas relaciones más ‘cercanas’ (sin saltarnos las normas sanitarias), velar por descubrir en las estrellas que alumbran la noche la Estrella que nos llevará hasta El…
¡Feliz Adviento! Sigue velando por mí, como yo velo por ti…

Perseverar en fidelidad

Acabamos de celebrar la Eucaristía de renovación de votos, como tradicionalmente hacemos cada año todas las hermanas el 8 de septiembre, y salgo de ella con una gran sensación de plenitud al experimentar, una vez más, la fidelidad de Dios con cada una de nosotras.
Si de algo estoy plenamente segura es de que sólo la fidelidad de Dios, su fe en mí, su amor incondicional y perseverante, a pesar de mis debilidades, es la que posibilita mi entrega, mi perseverancia, mi fidelidad.
Sólo cuando nos sentimos amadas en plenitud podemos dar y darnos; y el amor pleno procede de Dios y a El debe tornar. Y retorna cuando se hace entrega generosa, pan partido y compartido, mano extendida, abrazo consolador, palabra cordial, silencio cercano, vida desmigada…
A cultivar esas actitudes nos enseñan María, la Mujer fiel que vivió con radicalidad su opción (Hágase en mí), y la Madre Juana María, mujer que perseveró en el empeño de dar vida a la intuición de su corazón, al soplo del Espíritu, dejando a Dios cincelar su corazón.
Hoy he renovado mis votos con la certeza de que sólo desde la perseverancia en la fidelidad mi vida es aquello para lo que ha sido llamada y a lo cual he optado desde la libertad: Esclava de María Inmaculada.